domingo, 8 de noviembre de 2026

LA REINA DE LA FIESTA

 


Hola, queridos/as lectores/as. Hoy comparto con vosotros/as un nuevo relato que escribí hace mucho tiempo en un curso de creatividad. 

LA REINA DE LA FIESTA


Éramos seis hermanas. Todas iguales. Teníamos los cabellos rubios, peinados con tirabuzones y adornados con dos lazos rojos. Los ojos eran azules y brillantes. Los labios pequeños, rosados, como las mejillas. El vestido, largo hasta la pantorrilla, era rojo y tenía puntillas de fino encaje, blancas como las de las enaguas que se entreveían por debajo del dobladillo. Los zapatos eran negros, acharolados y las medias blancas.

Llegamos una tarde de invierno al carromato de nuestro dueño, un hombre flaco, de mirada triste. Nos miró con interés, sonriente. Tal vez fue una de las pocas veces que sus labios dibujaron una sonrisa. Y aseguró que, gracias a nosotras, conseguiría mucho dinero, porque todo el mundo querría conseguir una muñeca de porcelana tan bonita.

Así que preparó los boletos de la tómbola y viajamos por todo el país, deteniéndonos en las mejores fiestas: feria de Sevilla, Fallas de Valencia, San Isidro de Madrid…

El ritual que seguía siempre era el mismo. Se aseguraba de que todos los premios estaban bien colocados en las estanterías. Y nosotras debíamos estar en un lugar, no muy alto, ni muy bajo, y bien centrado, para que la gente pudiera vernos bien y supiera que éramos inalcanzables, al mismo tiempo que nos convertíamos en el mejor regalo al que podían aspirar. Gritaba con voz cantarina, anunciando nuestra presencia para que el público se animara a comprar boletos. Y decenas de personas se arremolinaban frente a la tómbola, admirando nuestras ropas, nuestras caritas.

Mis hermanas y yo nos sentíamos especiales. Nos gustaba cómo nos miraban los jugadores, con avidez de ser los ganadores. Las niñas lloraban cuando sus padres no conseguían llevarse el mejor premio de la tómbola. Y nosotras nos alegrábamos de seguir siendo un codiciado deseo.

¡Qué risas nos echábamos cuando veíamos desaparecer una lata de aceitunas tras otra! A veces, ganaban otros premios más originales, pero nada comparable a nosotras. Y la gente jugaba una y otra vez para conseguir llevarse una muñeca de porcelana.

***

El tiempo pasó. Y, un año más, visitamos las fiestas de XXX, donde nuestra atracción siempre fue bien recibida.

Pero parecía que el gusto de la gente había cambiado. Ya no despertábamos el mismo interés de antaño. A las niñas ya no les gustaban las muñecas y mis hermanas empezaron a sentirse aburridas de estar en la misma estantería un año tras otro.

Tampoco soportábamos que el objeto más codiciado fuese un perro rechoncho, de colores, al que llamaban “perro piloto”.





Entonces, mis hermanas suplicaron ser el próximo premio cada vez que alguien compraba un billete de la tómbola.

Y sus sueños se hicieron realidad. Una a una, fueron entregadas a un ganador. Nunca supe de su suerte. Ahora yo era la única muñeca de porcelana que había. Seguía ocupando mi lugar en el centro. Las miradas de los jugadores se posaban en mí. Estaba segura de que venían a jugar para conseguir el mejor premio, que era yo. Y seguía siendo inalcanzable y eso me hacía sentir la reina de la fiesta.

Un día una niña me señaló. Por un momento creí que me había ganado y me horroricé. Yo no quería irme de allí. Supliqué que le dieran un perro de esos tontos que me rodeaban. Pero las manos de mi dueño me cogieron. Le miré a los ojos, convencida de que sería la última vez que le vería. El hombre miró a la niña y asintió. Sus palabras rompieron mi corazón de fina porcelana. La niña no me había ganado. Se limitó a decir que yo estaba vieja y sucia. Y mi dueño decidió encerrarme en un baúl porque consideraba que ya no servía para ser la reina de la fiesta.

FIN


Ahora que el otoño entra en su fase más fría y lluviosa apetece más leer en una estancia cálida y tranquila. Espero que os haya gustado este relato y nos vemos en la próxima.



jueves, 8 de octubre de 2026

LLUEVE SOBRE MOJADO (última parte)

 


Y aquí, queridos/as lectores/as, empieza la tercera y última parte de esta obra “Llueve sobre mojado”. Espero que la disfrutéis.



TERCER ACTO



SRTA. APARICIO: A mí me gustan mucho los crisantemos. Pueden adornar las sepulturas con sus colores otoñales y las casas.

MIRTA: A mí me parecen tétricos.

PEPE: Sí, lo son. ¡Es morboso adornar un hogar con crisantemos!

SRTA. APARICIO: Soy morbosa (se ríe). Tal vez por mi sangres corra sangre escocesa.

ELADIO: (murmura) Sangre, no sé. Whisky, sí. Señorita Aparicio, a usted que le gustan los misterios le contaré uno. Fíjese (señala el mueble donde debía estar el jarrón de flores). Antes, ahí, había un jarrón con flores y ahora ya no está. Y no parece que se encuentre en toda la sala. (Gira sobre sí mismo haciendo que busca el jarrón).

MIRTA: ¡Es cierto! ¿Dónde están la flores, Eladio, querido?

ELADIO: No lo sé, querida. Yo diría que se han volatilizado.

PEPE: Era un ramo muy bonito.

SRTA. APARICIO: ¿Hay fantasmas en esta casa?

MIRTA: ¿Fantasmas? ¿Aquí? Eladio, ¿tenemos fantasmas en casa? ¡Me moriría si fuera así!

PEPE: Te compraré otro ramo de flores, querida.

SRTA APARICIO: ¡Qué gran historia para su nueva novela, Eladio! Un hombre invisible entra en los hogares de las familias respetables e intenta conquistar a las damas, a la vez que intenta asesinar a los maridos.

ELADIO: ¡Es usted perversa!

PEPE: Es una gran idea.

ELADIO: No me sorprende que así te lo parezca, Pepito.

PEPE: (Con sarcasmo, a Eladio). Yo creo que mejor te iría si escribieses un libro sobre jardinería. Parece que se te da muy bien cómo hacer desaparecer ramos de flores.

ELADIO: También soy un experto en hacer coronas funerarias.

SRTA. APARICIO: No le aconsejo que escriba sobre jardinería. En primer lugar, no es un género que aporte muchos beneficios, ni fama. En segundo lugar, no necesitaría de mi experiencia como escritora de terror.

MIRTA: ¿Qué decides, querido? ¿Jardinería o misterio?

ELADIO: No lo sé, querida. A estas altura ni siquiera sé si quiero escribir o cultivar crisantemos.




MIRTA: Jamás pensé que terminaría casada con un jardinero.

PEPE: Es una auténtica decepción, querida. Deberías divorciarte.

ELADIO: ¿Y por qué iba a tener que divorciarse de mí? ¿Qué malo hay en ser jardinero?

PEPE: Con el sueldo de jardinero no podrías cuidar bien de Mirta. Ella es una dama que

tiene necesidades especiales.

ELADIO: Es cierto. Sus gustos son como las orquídeas: exóticos y caros.

MIRTA: ¿Te estás quejando de mí, Eladio? ¿Es por eso que quieres divorciarte de mí? ¡Oh, no puedo soportarlo! (Cae desfallecida).

ELADIO: (A Pepe) ¡Trae una copa de anís!

Pepe, se dirige al aparador y observa que el ramo de flores está fuera en el jardín. Sale a buscarlo. Mientras, la señorita Aparicio acerca un vaso de whisky a Eladio y éste se lo da de beber a Mirta quien se espabila tosiendo.

MIRTA: ¡Esto no es anís!

SRTA. APARICIO: ¡Desde luego que no! ¡Es la bebida de los dioses! ¡Whisky, señora mía! (Coge el vaso y termina la bebida).

Pepe aparece con el ramo de flores.

PEPE: ¡Lo he encontrado!

ELADIO: ¡Milagro!

MIRTA: ¿Dónde estaba?

PEPE: En el jardín.

MIRTA: y ¿qué hacía ahí?

ELADIO: Mujer, son flores. Echarían de menos el jardín.

SRTA. APARICIO: En verdad es un auténtico misterio. Debe considerar muy en serio que en esta casa suceden fenómenos paranormales, Eladio. No tendré inconveniente en ofrecerle mi ayuda para que escriba sobre ello.

ELADIO: ¡Oh, es usted muy amable!

PEPE: (dejando las flores sobre la mesa). El hombre invisible que mata maridos es la mejor idea de la noche. (Mira a Eladio).

Detrás de Pepe aparece la doncella con su abrigo empapado.

SRTA. APARICIO: ¿Quién es esa muchacha con cara de pena?

Todos miran a la doncella.




MIRTA: Es la doncella. Ha regresado antes de lo esperado. (Todos) ¿Llueve?

DONCELLA: No, no señora. Alguien me ha tirado un jarrón con flores. Me dio en la cabeza y estuve en el jardín, no sé cuánto tiempo, con el espíritu perdido.

SRTA APARICIO: ¿Espíritus? ¡Interesante! ¡Me gusta esta casa!

PEPE: Considero que deberíamos llamar a la policía. Esto ha sido un atentado contra la vida de esta joven desvalida.

ELADIO: ¡No exageres! Solo ha sido un accidente, pero ya te encuentras bien, ¿verdad?

DONCELLA: Sí, señor. ¿Puedo retirarme?

ELADIO: Sí, por supuesto.

SRTA. APARICIO: Yo también debería retirarme. Estoy deseando empezar una nueva novela.

MIRTA: Pero, ¿no va a cenar?

PEPE: La cena debe de estar más fría que el espíritu de tu esposo, querida.

ELADIO: Bien, nos retiramos todos. (Coge a Pepe por el brazo, le entrega su abrigo y lo empuja hasta la salida). Hasta nunca. Señorita Aparicio, espero que el próximo encuentro sea en una situación más agradable.

SRTA APARICIO: Sí, seguro que será así pero no se olvide de reunir a sus fantasmas.

Pepe y la señorita Aparicio se van. Eladio se acerca su esposa.

ELADIO: ¿Cómo te encuentras, querida?

MIRTA: Estoy mejor, querido. Pero cansada. Voy a retirarme. (Se levanta y le da un beso en la mejilla). Buenas noches. Por cierto, haz el favor de tirar el ramo de flores. Ya no me gusta.

ELADIO: Desde luego, querida. Buenas noches.



Y aquí termina esta pequeña obra. Ahora que ya estamos metidos en el otoño apetece leer junto a una ventana viendo como los colores del campo cambia; la lluvia nos acompaña con su música y el viento arrastra las hojas. Disfrutad. Nos vemos en la próxima lectura.




sábado, 19 de septiembre de 2026

LLUEVE SOBRE MOJADO

 



Hola, estimados/as lectores/as:

Continuamos con la segunda parte de la obra “LLUEVE SOBRE MOJADO”.



En la primera parte Mirta y Eladio se preparan para recibir a unos invitados. Eladio descubre que un tal Pepe regaló flores a su esposa, aunque en realidad Pepe es la amiga de Mirta que ahora se ha cambiado de identidad. También esperan que venga a cenar una conocida escritora de suspense, la señorita Aparicio. Eladio, que también es escritor, confía en que le de algunos consejos para escribir su nueva novela.



SEGUNDO ACTO


Mirta se levanta y va abrir la puerta. Eladio llena el vaso de la señorita Aparicio. Regresan Mirta con Pepe que viene con el abrigo mojado.


MIRTA: ¡Me alegro tanto de verte, querida!

PEPE: ¡Gracias! ¡Buenas noches a todos los presentes!

ELADIO: (cogiendo el abrigo de Pepe). Parece que tú también tuviste un encuentro desafortunado con un jardinero despistado.

PEPE: No entiendo tu comentario.

MIRTA: Lo dice porque tienes el abrigo mojado.

PEPE: Está lloviendo.

MIRTA y ELADIO: ¿Está lloviendo?

PEPE: Sí. Parecéis preocupados.

ELADIO: En absoluto. En esta casa jamás ha llovido. Permíteme presentarte a la señorita Aparicio, una grande y famosa novelista. Esta es… Pepe.

SRTA. APARICIO: Así que no hay dos personas. Usted es Pepe y Pepa a la vez.

PEPE: Intento ser solo una: Pepe.

SRTA. APARICIO: En un principio pensé que vendrían dos personas.

PEPE: ¡Qué más quisiera yo que venir acompañado!

SRTA. APARICIO: ¿Está soltero?

PEPE: Sí. La mujer que amo está casada. (Mira a Mirta)

SRTA APARICIO: Eso no es motivo para no tener la compañía de nadie.

PEPE: Sí, es cierto. Pero mi corazón se niega a aceptar a alguien más. (Se dirige a Eladio) ¿Me sirves un whisky, por favor? (se sienta)


Eladio entrega el vaso a Pepe. Y todos se sientan. Pepe al lado de Mirta, Eladio al lado de la Srta. Aparicio.


Pepe/a


PEPE: (Probando el whisky que le hace toser). Es fuerte.

ELADIO: Lo ideal para un hombre fuerte.

MIRTA: Es un whisky escocés.

SRTA. APARICIO: ¡La bebida de los dioses! (Apura su vaso y pide más ante la sorpresa de Eladio, que se levanta para llenarle el vaso). ¿A qué se dedica, joven?

PEPE: Soy actor.

SRTA APARICIO: ¡Oh! ¡Eso es maravilloso! ¿Qué papel ha interpretado últimamente?

PEPE: Hamlet.

SRTA APARICIO: ¡Maravilloso! ¡Maravilloso!

PEPE: Sí. Hice una interpretación sublime. Será recordada por mucho tiempo.

ELADIO: No lo pongo en duda. Una mujer interpretando a Hamlet…

SRTA. APARICIO: Me imagino un personaje similar para una de mis novelas. Un personaje ambiguo. ¡Brindemos por Shakespeare! (Se levantan todos)

MIRTA: La señorita Aparicio escribe novelas de terror.

PEPE: Interesante. Me gustaría interpretar el personaje de un asesino despiadado que mate al marido de una mujer sufridora. (Mira a Eladio).


Mirta se retira para ir a buscar la cena.


SRTA. APARICIO: Tal vez un asesino que se dedique a matar esposas sea más interesante.

PEPE: No, prefiero que sean los maridos las víctimas.

ELADIO: Yo también me centraré en un asesino en mi próxima novela.

SRTA APARICIO: ¿Qué tipo de asesino?

ELADIO: Uno como Jack el Destripador.

PEPE: Pero ese personaje ya existe. No sería original incluirlo en tu novela.

ELADIO: No he dicho que vaya a hacer eso. Solo me serviría de inspiración.

PEPE: Utilizar a Jack el Destripador sería como hacer un plagio de una historia que ya existe. ¿No opina igual usted, señorita Aparicio?

SRTA. APARICIO: Sí, por supuesto. No me gustan los plagios, Eladio. Son tan criminales como los asesinos.

ELADIO: En fin, me olvidaré de Jack el Destripador. Después de todo para inventar a un asesino que mate mujeres que se creen hombres no lo necesito.

SRTA. APARICIO: Pero usted dijo que quería escribir una novela de terror y esa idea parece más adecuada para una novela policíaca.

PEPE: Y el tema es de un gusto terrible. Ordinario.

SRTA. APARICIO: Y no necesitaría mi ayuda.

ELADIO: Podría ser un asesino fantasma.

SRTA. APARICIO: Eso sería interesante.

PEPE: A mí me sigue pareciendo vulgar.


Entra Mirta con una bandeja y la deja sobre la mesa.





PEPE: Querida, tu marido duda si debe escribir una novela policiaca o de terror.

MIRTA: Dijiste que ibas a escribir una novela de terror, querido. Para eso has invitado a la señorita Aparicio, ¿no es así?


La señorita Aparicio asiente.


ELADIO: Así será.

PEPE: Creo que el vulgar es el escritor, no la historia. (A Mirta) Pretende plagiar la historia de Jack el Destripador.

MIRTA: (Se sienta) ¿En serio, querido?

ELADIO: No. Tal vez convierta a mi personaje en un asesino. La señorita Aparicio dijo que era una idea interesante.

SRTA. APARICIO: Y un plagio. Mi obra “El fantasma sangriento”, trata de un fantasma que busca venganza. Quiere matar a su asesino.

ELADIO: Mi asesino buscaría venganza. Simplemente mataría por gusto.

MIRTA: Pero sería igualmente un fantasma asesino, querido.

PEPE: Así es. ¿Pretendes plagiar la obra de la señorita Mirta?

ELADIO: No, desde luego que no.

SRTA APARICIO: Empiezo a sentirme muy molesta, Eladio.

MIRTA: Me desconcierta, Eladio.

ELADIO: No pretendo plagiar a nadie. Ni siquiera sé de qué va a tratar mi próxima obra. Incluso es posible que no escriba nada.

MIRTA: ¡Oh, no digas eso! ¡Con la ilusión que te hacía!

ELADIO: ¡Pues ya ves! ¡La ilusión se ha esfumado! (irónico)

SRTA. APARICIO: Yo creo que debe escribir esa obra. Las historias de terror atraen a mucho público.

ELADIO: ¿En serio? Después de lo del fantasma no me quedan ideas.

SRTA. APARICIO: Podría crear a un monstruo que mata gente bajo la lluvia, en mitad de las noches más oscuras… Sin luz… Sin sombras...

ELADIO: Mojado y cegato. Podría matar a cualquiera. Incluso a sí mismo en un tropiezo.

PEPE: Es una idea estupenda.

SRTA. APARICIO: Llevo muchos años escribiendo sobre este género. Me es fácil tener ideas.

ELADIO: Lo curioso es que se gane la vida con ello.

SRTA. APARICIO: Así es, querido. A la gente le gusta el terror.

ELADIO: Y soporta cualquier horror. (irónico).

SRTA. APARICIO: Mi agente cree que he cogido unas vacaciones pero, en realidad, sigo escribiendo. Ya empecé una nueva novela. (sonríe satisfecha)

PEPE: Háblenos de ella, por favor.

ELADIO: ¿No íbamos a hablar de mi proyecto?

PEPE: ¡No seas desconsiderado, Eladio!

MIRTA: ¿No sería mejor cenar?

ELADIO: ¡No seas desconsiderada, Mirta!

SRTA. APARICIO: (Riendo satisfecha) Estoy escribiendo sobre una casa encantada.

PEPE: ¡Fantástico! ¡Aprende, Eladio!

ELADIO: Jamás se me ocurriría encantar a una casa. ¡Ni siquiera yo estoy encantado! (irónico)

MIRTA: ¡Eso debe dar mucho miedo, señorita Aparicio!

SRTA APARICIO: Eso pretendo, querida. Imagínense una casa donde se oyen ruidos extraños, hay sombras de dudosa procedencia. Desaparecen objetos…

PEPE: Estoy deseando leer su novela.

SRTA APARICIO: Debe tener paciencia. Tuve la idea en mi último viaje… Cuando fui a Escocia.

ELADIO: Seguro que visitó algún castillo encantado.

SRTA. APARICIO: Así es. ¿Usted también?

ELADIO: No. Yo ya vivo rodeado de fantasmas aquí. (Mira a Pepe).

SRTA. APARICIO: Me gusta mucho Escocia. Hay muchos lugares encantados. Muchos fantasmas. La mujeres son hermosas como las flores. A usted le gustaría ese lugar, Pepe.

MIRTA: Pepe me ha regalado un ramo precioso. Olvidé darte las gracias, querido. Eladio,¿Quieres enseñarle las flores a la señorita Aparicio?


Eladio a buscar el jarrón con flores. Abre la ventana y arroja las flores por ella, sin saber que en el jarrón también había agua.





Aquí termina la segunda parte de esta obra. Espero que os guste. Nos vemos en la próxima.