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| de GoranH, Pixabay |
Hola, queridos/as lectores/as:
Hoy publico nuevo relato breve. Continúo con la temática
melancólica. Espero que os guste.
LA MALDICIÓN DE LA
ETERNIDAD
La tierra golpeó el ataúd y el sonido hueco retumbó en el
corazón de Damián. Las rosas rojas empezaban a deshacerse bajo la intensa
lluvia. Las nubes oscurecían el cielo adelantando la larga sombra de la noche.
Damián entregó una propina a los enterradores y se quedó delante de la tumba de su amada. Habían colocado una pequeña losa en donde podía leerse su nombre: Sonia. Más adelante pediría que le hiciesen un monumento que recordase su belleza y la tristeza de su partida. Había hecho lo mismo con las otras mujeres a las que había amado. Allí mismo, a su alrededor, estaban las tumbas de las otras mujeres. Se paseó por entre ellas recordando a cada una de ellas: Bianca, Christine, Michelle, Sara, Bernarda, Olga… Todas muertas a diferentes edades, en diferentes años. Años en los que Damián fue muy feliz. Amó y fue amado. Pero el dolor de perder a sus amadas empezaba a ser insoportable. Tal vez, con el tiempo, volvería a enamorarse. Y volvería a ser feliz, o lo intentaría, para terminar siendo infeliz. La tristeza empezaba a ocupar más espacio en su corazón que la alegría. Después de tanto tiempo empezaba a comprender lo que le había dicho su maestro, su creador: “La eternidad es una maldición”. Era cierto. Se puede amar muchas veces, de diferentes maneras. Pero el amor se acaba y nace la tristeza que se va haciendo perenne en la vida.
Tal vez debería seguir existiendo sin amar, aceptando la soledad
y su dolor. Limitarse a pasear entre los recuerdos que estaban enterrados en el
cementerio, al lado de su mansión. Miró hacia el oscuro horizonte y las
lágrimas resbalaron por sus mejillas. Dejó escapar un suspiro y regresó a casa
bajo la fría mirada de las estatuas que adornaban las tumbas de las mujeres que
amó y le amaron.
FIN
Gracias por leer mi escrito. Nos vemos en la próxima.


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