Hace tiempo que no publico nada nuevo en el blog. He tenido problemas de salud y apatía. Ahora vuelvo a escribir y hoy decidí escribir este relato breve.
"Camino de la niebla"
Clara detuvo el coche en medio de un camino de tierra. No reconocía aquel lugar lo que la hacía sospechar que se había perdido. El GPS hacía tiempo que había dejado de recibir señal alguna. El móvil tampoco tenía señal y no disponía de mapas de carretera antiguos. Dejó el coche a un lado y salió. Hacía frío y se podía sentir la penetrante humedad de la niebla que empezaba a invadir el bosque circundante, seguramente subía desde algún río cercano. Quiso regresar al coche pero una lejana luz llamó su atención. Cogió el abrigo, el bolso bandolera y empezó a caminar hacia la luz. El pueblo al que se dirigía tenía que estar cerca y ése debía ser un camino más de los que suele haber entre los bosques y fincas.
A medida que avanzaba aumentaba su inquietud. La niebla se había hecho más espesa y le parecía ver sombras espectrales caminar entre ella. Las hojas de los árboles parecían susurrar advertencias o, tal vez, amenazas por su atrevimiento.
Se detuvo al ver frente a ella un alto muro de piedra cubierto por la hiedra y una verja de hierro oxidado. En una de las columnas donde estaba la puerta había un candil encendido. Seguramente esa era la luz que había visto. Un poco más lejos se veía un viejo campanario de una iglesia. Se acercó a la verja y la abrió con dificultad. Hizo un ruido chirriante y, por un momento, Clara pensó que la puerta se iba a caer. El solar estaba lleno de tumbas viejas, con lápidas y cruces gastadas por la lluvia y el viento, cubiertas de musgo y maleza. Cada vez hacía más frío.
Se acercó a la puerta principal de la iglesia. No se podía abrir. Echó otra mirada al cementerio y entonces vio las sombras espectrales que había creído ver en el bosque. Para su horror se fueron haciendo más nítidas adquiriendo distinguibles rostros humanos. No parecían percatarse de su presencia. Caminaban sin rumbo fijo. Sus miradas estaban perdidas, aunque se podía atisbar un sentimiento de nostalgia. A pesar de su miedo, sintió pena por esas pobres almas que parecían perdidas en el limbo.
Decidió regresar al coche pero antes de salir del cementerio le pareció oír que alguien la llamaba. Se volvió y vio a una mujer joven, de su edad, que le parecía conocer. Pero era imposible. Ella nunca antes había estado ahí, ni siquiera en el pueblo que quería visitar para hacer un trabajo de periodismo. Echó a correr hacia el coche y cuando llegó sintió un gran alivio. Entró en él sin preocuparse quitarse el bolso y el abrigo. Encendió el coche y giró para regresar por donde había venido.
Varios minutos más tarde, sin saber cómo, se encontró conduciendo por el mismo camino de antes. Cerró los ojos unos segundos. Tenía que tratarse de una percepción errónea. Caminos de tierra entre el bosque lo había en todas partes.
Una vez más, dio marcha atrás e intentó buscar otra carretera. Pero una y otra vez se encontraba en el mismo lugar. Llevó el coche hasta la puerta del cementerio y, sin bajar del coche, pudo ver parte de las tumbas que había en la entrada. La misma niebla que invadía el paisaje, los fantasmas caminando errantes. Y aquella mujer que la miraba insistente. Oía su nombre sin cesar. Y empezó a llorar.
No entendía qué estaba pasando. Tenía que ser una pesadilla y quería despertar. Se golpeó la cara varias veces pero no volvía a la realidad que quería. Seguía allí, en aquel lugar horrible, atrapada.
No podía decir cuánto tiempo permaneció en silencio dentro del coche. Finalmente, decidió salir y entró otra vez en el cementerio. Caminó hasta la iglesia. En esta ocasión, para su sorpresa, la puerta estaba abierta. Había luz en el interior y vio gente. Entró y caminó por el pasillo deteniéndose al llegar a la mitad. Parecía que nadie se daba cuenta de su llegada. Vio gente llorando. Le pareció reconocer a algunas personas. Comprobó que estaban celebrando un funeral. Se acercó hasta el ataúd. Miró al sacerdote que estaba sumergido en su tarea y no se fijó en ella. A un lado del ataúd, que estaba completamente cerrado, había varios ramos de flores. Al otro lado una fotografía de la persona fallecida. Horrorizada se reconoció en ella. Pero no podía ser cierto. Ella no estaba muerta. Estaba viva. Se sentía viva. Miró a la gente que asistía al funeral y reconoció a sus padres, a su hermano. Y al fondo, en la entrada vio al fantasma que la había llamado. Aquella mujer era hermana fallecida hacía dos años. La llamó nuevamente. Clara no quería aceptar su nueva realidad. Se acercó a sus padres y posó una mano en el hombro de su madre. Ella se estremeció y gimió pero no hizo la vio, ni debió percibir que era su hija quien la tocaba desde el Más Allá.
Clara salió de la iglesia y su hermana se acercó a ella. Miró a su alrededor. La niebla había desaparecido. Los fantasmas tampoco estaban. Se veía el sol y el cielo era azul. Su hermana la cogió de la mano. Sonrió. Clara reconoció el lugar. Estaba en la iglesia del pueblo donde había nacido. Se dejó llevar por su hermana y desaparecieron.
FIN
Espero que os haya gustado el relato y espero poder compartir más escritos. ¡Saludos!


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