jueves, 8 de octubre de 2026

LLUEVE SOBRE MOJADO (última parte)

 


Y aquí, queridos/as lectores/as, empieza la tercera y última parte de esta obra “Llueve sobre mojado”. Espero que la disfrutéis.



TERCER ACTO



SRTA. APARICIO: A mí me gustan mucho los crisantemos. Pueden adornar las sepulturas con sus colores otoñales y las casas.

MIRTA: A mí me parecen tétricos.

PEPE: Sí, lo son. ¡Es morboso adornar un hogar con crisantemos!

SRTA. APARICIO: Soy morbosa (se ríe). Tal vez por mi sangres corra sangre escocesa.

ELADIO: (murmura) Sangre, no sé. Whisky, sí. Señorita Aparicio, a usted que le gustan los misterios le contaré uno. Fíjese (señala el mueble donde debía estar el jarrón de flores). Antes, ahí, había un jarrón con flores y ahora ya no está. Y no parece que se encuentre en toda la sala. (Gira sobre sí mismo haciendo que busca el jarrón).

MIRTA: ¡Es cierto! ¿Dónde están la flores, Eladio, querido?

ELADIO: No lo sé, querida. Yo diría que se han volatilizado.

PEPE: Era un ramo muy bonito.

SRTA. APARICIO: ¿Hay fantasmas en esta casa?

MIRTA: ¿Fantasmas? ¿Aquí? Eladio, ¿tenemos fantasmas en casa? ¡Me moriría si fuera así!

PEPE: Te compraré otro ramo de flores, querida.

SRTA APARICIO: ¡Qué gran historia para su nueva novela, Eladio! Un hombre invisible entra en los hogares de las familias respetables e intenta conquistar a las damas, a la vez que intenta asesinar a los maridos.

ELADIO: ¡Es usted perversa!

PEPE: Es una gran idea.

ELADIO: No me sorprende que así te lo parezca, Pepito.

PEPE: (Con sarcasmo, a Eladio). Yo creo que mejor te iría si escribieses un libro sobre jardinería. Parece que se te da muy bien cómo hacer desaparecer ramos de flores.

ELADIO: También soy un experto en hacer coronas funerarias.

SRTA. APARICIO: No le aconsejo que escriba sobre jardinería. En primer lugar, no es un género que aporte muchos beneficios, ni fama. En segundo lugar, no necesitaría de mi experiencia como escritora de terror.

MIRTA: ¿Qué decides, querido? ¿Jardinería o misterio?

ELADIO: No lo sé, querida. A estas altura ni siquiera sé si quiero escribir o cultivar crisantemos.




MIRTA: Jamás pensé que terminaría casada con un jardinero.

PEPE: Es una auténtica decepción, querida. Deberías divorciarte.

ELADIO: ¿Y por qué iba a tener que divorciarse de mí? ¿Qué malo hay en ser jardinero?

PEPE: Con el sueldo de jardinero no podrías cuidar bien de Mirta. Ella es una dama que

tiene necesidades especiales.

ELADIO: Es cierto. Sus gustos son como las orquídeas: exóticos y caros.

MIRTA: ¿Te estás quejando de mí, Eladio? ¿Es por eso que quieres divorciarte de mí? ¡Oh, no puedo soportarlo! (Cae desfallecida).

ELADIO: (A Pepe) ¡Trae una copa de anís!

Pepe, se dirige al aparador y observa que el ramo de flores está fuera en el jardín. Sale a buscarlo. Mientras, la señorita Aparicio acerca un vaso de whisky a Eladio y éste se lo da de beber a Mirta quien se espabila tosiendo.

MIRTA: ¡Esto no es anís!

SRTA. APARICIO: ¡Desde luego que no! ¡Es la bebida de los dioses! ¡Whisky, señora mía! (Coge el vaso y termina la bebida).

Pepe aparece con el ramo de flores.

PEPE: ¡Lo he encontrado!

ELADIO: ¡Milagro!

MIRTA: ¿Dónde estaba?

PEPE: En el jardín.

MIRTA: y ¿qué hacía ahí?

ELADIO: Mujer, son flores. Echarían de menos el jardín.

SRTA. APARICIO: En verdad es un auténtico misterio. Debe considerar muy en serio que en esta casa suceden fenómenos paranormales, Eladio. No tendré inconveniente en ofrecerle mi ayuda para que escriba sobre ello.

ELADIO: ¡Oh, es usted muy amable!

PEPE: (dejando las flores sobre la mesa). El hombre invisible que mata maridos es la mejor idea de la noche. (Mira a Eladio).

Detrás de Pepe aparece la doncella con su abrigo empapado.

SRTA. APARICIO: ¿Quién es esa muchacha con cara de pena?

Todos miran a la doncella.




MIRTA: Es la doncella. Ha regresado antes de lo esperado. (Todos) ¿Llueve?

DONCELLA: No, no señora. Alguien me ha tirado un jarrón con flores. Me dio en la cabeza y estuve en el jardín, no sé cuánto tiempo, con el espíritu perdido.

SRTA APARICIO: ¿Espíritus? ¡Interesante! ¡Me gusta esta casa!

PEPE: Considero que deberíamos llamar a la policía. Esto ha sido un atentado contra la vida de esta joven desvalida.

ELADIO: ¡No exageres! Solo ha sido un accidente, pero ya te encuentras bien, ¿verdad?

DONCELLA: Sí, señor. ¿Puedo retirarme?

ELADIO: Sí, por supuesto.

SRTA. APARICIO: Yo también debería retirarme. Estoy deseando empezar una nueva novela.

MIRTA: Pero, ¿no va a cenar?

PEPE: La cena debe de estar más fría que el espíritu de tu esposo, querida.

ELADIO: Bien, nos retiramos todos. (Coge a Pepe por el brazo, le entrega su abrigo y lo empuja hasta la salida). Hasta nunca. Señorita Aparicio, espero que el próximo encuentro sea en una situación más agradable.

SRTA APARICIO: Sí, seguro que será así pero no se olvide de reunir a sus fantasmas.

Pepe y la señorita Aparicio se van. Eladio se acerca su esposa.

ELADIO: ¿Cómo te encuentras, querida?

MIRTA: Estoy mejor, querido. Pero cansada. Voy a retirarme. (Se levanta y le da un beso en la mejilla). Buenas noches. Por cierto, haz el favor de tirar el ramo de flores. Ya no me gusta.

ELADIO: Desde luego, querida. Buenas noches.



Y aquí termina esta pequeña obra. Ahora que ya estamos metidos en el otoño apetece leer junto a una ventana viendo como los colores del campo cambia; la lluvia nos acompaña con su música y el viento arrastra las hojas. Disfrutad. Nos vemos en la próxima lectura.




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