jueves, 8 de octubre de 2026

LLUEVE SOBRE MOJADO (última parte)

 


Y aquí, queridos/as lectores/as, empieza la tercera y última parte de esta obra “Llueve sobre mojado”. Espero que la disfrutéis.



TERCER ACTO



SRTA. APARICIO: A mí me gustan mucho los crisantemos. Pueden adornar las sepulturas con sus colores otoñales y las casas.

MIRTA: A mí me parecen tétricos.

PEPE: Sí, lo son. ¡Es morboso adornar un hogar con crisantemos!

SRTA. APARICIO: Soy morbosa (se ríe). Tal vez por mi sangres corra sangre escocesa.

ELADIO: (murmura) Sangre, no sé. Whisky, sí. Señorita Aparicio, a usted que le gustan los misterios le contaré uno. Fíjese (señala el mueble donde debía estar el jarrón de flores). Antes, ahí, había un jarrón con flores y ahora ya no está. Y no parece que se encuentre en toda la sala. (Gira sobre sí mismo haciendo que busca el jarrón).

MIRTA: ¡Es cierto! ¿Dónde están la flores, Eladio, querido?

ELADIO: No lo sé, querida. Yo diría que se han volatilizado.

PEPE: Era un ramo muy bonito.

SRTA. APARICIO: ¿Hay fantasmas en esta casa?

MIRTA: ¿Fantasmas? ¿Aquí? Eladio, ¿tenemos fantasmas en casa? ¡Me moriría si fuera así!

PEPE: Te compraré otro ramo de flores, querida.

SRTA APARICIO: ¡Qué gran historia para su nueva novela, Eladio! Un hombre invisible entra en los hogares de las familias respetables e intenta conquistar a las damas, a la vez que intenta asesinar a los maridos.

ELADIO: ¡Es usted perversa!

PEPE: Es una gran idea.

ELADIO: No me sorprende que así te lo parezca, Pepito.

PEPE: (Con sarcasmo, a Eladio). Yo creo que mejor te iría si escribieses un libro sobre jardinería. Parece que se te da muy bien cómo hacer desaparecer ramos de flores.

ELADIO: También soy un experto en hacer coronas funerarias.

SRTA. APARICIO: No le aconsejo que escriba sobre jardinería. En primer lugar, no es un género que aporte muchos beneficios, ni fama. En segundo lugar, no necesitaría de mi experiencia como escritora de terror.

MIRTA: ¿Qué decides, querido? ¿Jardinería o misterio?

ELADIO: No lo sé, querida. A estas altura ni siquiera sé si quiero escribir o cultivar crisantemos.




MIRTA: Jamás pensé que terminaría casada con un jardinero.

PEPE: Es una auténtica decepción, querida. Deberías divorciarte.

ELADIO: ¿Y por qué iba a tener que divorciarse de mí? ¿Qué malo hay en ser jardinero?

PEPE: Con el sueldo de jardinero no podrías cuidar bien de Mirta. Ella es una dama que

tiene necesidades especiales.

ELADIO: Es cierto. Sus gustos son como las orquídeas: exóticos y caros.

MIRTA: ¿Te estás quejando de mí, Eladio? ¿Es por eso que quieres divorciarte de mí? ¡Oh, no puedo soportarlo! (Cae desfallecida).

ELADIO: (A Pepe) ¡Trae una copa de anís!

Pepe, se dirige al aparador y observa que el ramo de flores está fuera en el jardín. Sale a buscarlo. Mientras, la señorita Aparicio acerca un vaso de whisky a Eladio y éste se lo da de beber a Mirta quien se espabila tosiendo.

MIRTA: ¡Esto no es anís!

SRTA. APARICIO: ¡Desde luego que no! ¡Es la bebida de los dioses! ¡Whisky, señora mía! (Coge el vaso y termina la bebida).

Pepe aparece con el ramo de flores.

PEPE: ¡Lo he encontrado!

ELADIO: ¡Milagro!

MIRTA: ¿Dónde estaba?

PEPE: En el jardín.

MIRTA: y ¿qué hacía ahí?

ELADIO: Mujer, son flores. Echarían de menos el jardín.

SRTA. APARICIO: En verdad es un auténtico misterio. Debe considerar muy en serio que en esta casa suceden fenómenos paranormales, Eladio. No tendré inconveniente en ofrecerle mi ayuda para que escriba sobre ello.

ELADIO: ¡Oh, es usted muy amable!

PEPE: (dejando las flores sobre la mesa). El hombre invisible que mata maridos es la mejor idea de la noche. (Mira a Eladio).

Detrás de Pepe aparece la doncella con su abrigo empapado.

SRTA. APARICIO: ¿Quién es esa muchacha con cara de pena?

Todos miran a la doncella.




MIRTA: Es la doncella. Ha regresado antes de lo esperado. (Todos) ¿Llueve?

DONCELLA: No, no señora. Alguien me ha tirado un jarrón con flores. Me dio en la cabeza y estuve en el jardín, no sé cuánto tiempo, con el espíritu perdido.

SRTA APARICIO: ¿Espíritus? ¡Interesante! ¡Me gusta esta casa!

PEPE: Considero que deberíamos llamar a la policía. Esto ha sido un atentado contra la vida de esta joven desvalida.

ELADIO: ¡No exageres! Solo ha sido un accidente, pero ya te encuentras bien, ¿verdad?

DONCELLA: Sí, señor. ¿Puedo retirarme?

ELADIO: Sí, por supuesto.

SRTA. APARICIO: Yo también debería retirarme. Estoy deseando empezar una nueva novela.

MIRTA: Pero, ¿no va a cenar?

PEPE: La cena debe de estar más fría que el espíritu de tu esposo, querida.

ELADIO: Bien, nos retiramos todos. (Coge a Pepe por el brazo, le entrega su abrigo y lo empuja hasta la salida). Hasta nunca. Señorita Aparicio, espero que el próximo encuentro sea en una situación más agradable.

SRTA APARICIO: Sí, seguro que será así pero no se olvide de reunir a sus fantasmas.

Pepe y la señorita Aparicio se van. Eladio se acerca su esposa.

ELADIO: ¿Cómo te encuentras, querida?

MIRTA: Estoy mejor, querido. Pero cansada. Voy a retirarme. (Se levanta y le da un beso en la mejilla). Buenas noches. Por cierto, haz el favor de tirar el ramo de flores. Ya no me gusta.

ELADIO: Desde luego, querida. Buenas noches.



Y aquí termina esta pequeña obra. Ahora que ya estamos metidos en el otoño apetece leer junto a una ventana viendo como los colores del campo cambia; la lluvia nos acompaña con su música y el viento arrastra las hojas. Disfrutad. Nos vemos en la próxima lectura.




sábado, 19 de septiembre de 2026

LLUEVE SOBRE MOJADO

 



Hola, estimados/as lectores/as:

Continuamos con la segunda parte de la obra “LLUEVE SOBRE MOJADO”.



En la primera parte Mirta y Eladio se preparan para recibir a unos invitados. Eladio descubre que un tal Pepe regaló flores a su esposa, aunque en realidad Pepe es la amiga de Mirta que ahora se ha cambiado de identidad. También esperan que venga a cenar una conocida escritora de suspense, la señorita Aparicio. Eladio, que también es escritor, confía en que le de algunos consejos para escribir su nueva novela.



SEGUNDO ACTO


Mirta se levanta y va abrir la puerta. Eladio llena el vaso de la señorita Aparicio. Regresan Mirta con Pepe que viene con el abrigo mojado.


MIRTA: ¡Me alegro tanto de verte, querida!

PEPE: ¡Gracias! ¡Buenas noches a todos los presentes!

ELADIO: (cogiendo el abrigo de Pepe). Parece que tú también tuviste un encuentro desafortunado con un jardinero despistado.

PEPE: No entiendo tu comentario.

MIRTA: Lo dice porque tienes el abrigo mojado.

PEPE: Está lloviendo.

MIRTA y ELADIO: ¿Está lloviendo?

PEPE: Sí. Parecéis preocupados.

ELADIO: En absoluto. En esta casa jamás ha llovido. Permíteme presentarte a la señorita Aparicio, una grande y famosa novelista. Esta es… Pepe.

SRTA. APARICIO: Así que no hay dos personas. Usted es Pepe y Pepa a la vez.

PEPE: Intento ser solo una: Pepe.

SRTA. APARICIO: En un principio pensé que vendrían dos personas.

PEPE: ¡Qué más quisiera yo que venir acompañado!

SRTA. APARICIO: ¿Está soltero?

PEPE: Sí. La mujer que amo está casada. (Mira a Mirta)

SRTA APARICIO: Eso no es motivo para no tener la compañía de nadie.

PEPE: Sí, es cierto. Pero mi corazón se niega a aceptar a alguien más. (Se dirige a Eladio) ¿Me sirves un whisky, por favor? (se sienta)


Eladio entrega el vaso a Pepe. Y todos se sientan. Pepe al lado de Mirta, Eladio al lado de la Srta. Aparicio.


Pepe/a


PEPE: (Probando el whisky que le hace toser). Es fuerte.

ELADIO: Lo ideal para un hombre fuerte.

MIRTA: Es un whisky escocés.

SRTA. APARICIO: ¡La bebida de los dioses! (Apura su vaso y pide más ante la sorpresa de Eladio, que se levanta para llenarle el vaso). ¿A qué se dedica, joven?

PEPE: Soy actor.

SRTA APARICIO: ¡Oh! ¡Eso es maravilloso! ¿Qué papel ha interpretado últimamente?

PEPE: Hamlet.

SRTA APARICIO: ¡Maravilloso! ¡Maravilloso!

PEPE: Sí. Hice una interpretación sublime. Será recordada por mucho tiempo.

ELADIO: No lo pongo en duda. Una mujer interpretando a Hamlet…

SRTA. APARICIO: Me imagino un personaje similar para una de mis novelas. Un personaje ambiguo. ¡Brindemos por Shakespeare! (Se levantan todos)

MIRTA: La señorita Aparicio escribe novelas de terror.

PEPE: Interesante. Me gustaría interpretar el personaje de un asesino despiadado que mate al marido de una mujer sufridora. (Mira a Eladio).


Mirta se retira para ir a buscar la cena.


SRTA. APARICIO: Tal vez un asesino que se dedique a matar esposas sea más interesante.

PEPE: No, prefiero que sean los maridos las víctimas.

ELADIO: Yo también me centraré en un asesino en mi próxima novela.

SRTA APARICIO: ¿Qué tipo de asesino?

ELADIO: Uno como Jack el Destripador.

PEPE: Pero ese personaje ya existe. No sería original incluirlo en tu novela.

ELADIO: No he dicho que vaya a hacer eso. Solo me serviría de inspiración.

PEPE: Utilizar a Jack el Destripador sería como hacer un plagio de una historia que ya existe. ¿No opina igual usted, señorita Aparicio?

SRTA. APARICIO: Sí, por supuesto. No me gustan los plagios, Eladio. Son tan criminales como los asesinos.

ELADIO: En fin, me olvidaré de Jack el Destripador. Después de todo para inventar a un asesino que mate mujeres que se creen hombres no lo necesito.

SRTA. APARICIO: Pero usted dijo que quería escribir una novela de terror y esa idea parece más adecuada para una novela policíaca.

PEPE: Y el tema es de un gusto terrible. Ordinario.

SRTA. APARICIO: Y no necesitaría mi ayuda.

ELADIO: Podría ser un asesino fantasma.

SRTA. APARICIO: Eso sería interesante.

PEPE: A mí me sigue pareciendo vulgar.


Entra Mirta con una bandeja y la deja sobre la mesa.





PEPE: Querida, tu marido duda si debe escribir una novela policiaca o de terror.

MIRTA: Dijiste que ibas a escribir una novela de terror, querido. Para eso has invitado a la señorita Aparicio, ¿no es así?


La señorita Aparicio asiente.


ELADIO: Así será.

PEPE: Creo que el vulgar es el escritor, no la historia. (A Mirta) Pretende plagiar la historia de Jack el Destripador.

MIRTA: (Se sienta) ¿En serio, querido?

ELADIO: No. Tal vez convierta a mi personaje en un asesino. La señorita Aparicio dijo que era una idea interesante.

SRTA. APARICIO: Y un plagio. Mi obra “El fantasma sangriento”, trata de un fantasma que busca venganza. Quiere matar a su asesino.

ELADIO: Mi asesino buscaría venganza. Simplemente mataría por gusto.

MIRTA: Pero sería igualmente un fantasma asesino, querido.

PEPE: Así es. ¿Pretendes plagiar la obra de la señorita Mirta?

ELADIO: No, desde luego que no.

SRTA APARICIO: Empiezo a sentirme muy molesta, Eladio.

MIRTA: Me desconcierta, Eladio.

ELADIO: No pretendo plagiar a nadie. Ni siquiera sé de qué va a tratar mi próxima obra. Incluso es posible que no escriba nada.

MIRTA: ¡Oh, no digas eso! ¡Con la ilusión que te hacía!

ELADIO: ¡Pues ya ves! ¡La ilusión se ha esfumado! (irónico)

SRTA. APARICIO: Yo creo que debe escribir esa obra. Las historias de terror atraen a mucho público.

ELADIO: ¿En serio? Después de lo del fantasma no me quedan ideas.

SRTA. APARICIO: Podría crear a un monstruo que mata gente bajo la lluvia, en mitad de las noches más oscuras… Sin luz… Sin sombras...

ELADIO: Mojado y cegato. Podría matar a cualquiera. Incluso a sí mismo en un tropiezo.

PEPE: Es una idea estupenda.

SRTA. APARICIO: Llevo muchos años escribiendo sobre este género. Me es fácil tener ideas.

ELADIO: Lo curioso es que se gane la vida con ello.

SRTA. APARICIO: Así es, querido. A la gente le gusta el terror.

ELADIO: Y soporta cualquier horror. (irónico).

SRTA. APARICIO: Mi agente cree que he cogido unas vacaciones pero, en realidad, sigo escribiendo. Ya empecé una nueva novela. (sonríe satisfecha)

PEPE: Háblenos de ella, por favor.

ELADIO: ¿No íbamos a hablar de mi proyecto?

PEPE: ¡No seas desconsiderado, Eladio!

MIRTA: ¿No sería mejor cenar?

ELADIO: ¡No seas desconsiderada, Mirta!

SRTA. APARICIO: (Riendo satisfecha) Estoy escribiendo sobre una casa encantada.

PEPE: ¡Fantástico! ¡Aprende, Eladio!

ELADIO: Jamás se me ocurriría encantar a una casa. ¡Ni siquiera yo estoy encantado! (irónico)

MIRTA: ¡Eso debe dar mucho miedo, señorita Aparicio!

SRTA APARICIO: Eso pretendo, querida. Imagínense una casa donde se oyen ruidos extraños, hay sombras de dudosa procedencia. Desaparecen objetos…

PEPE: Estoy deseando leer su novela.

SRTA APARICIO: Debe tener paciencia. Tuve la idea en mi último viaje… Cuando fui a Escocia.

ELADIO: Seguro que visitó algún castillo encantado.

SRTA. APARICIO: Así es. ¿Usted también?

ELADIO: No. Yo ya vivo rodeado de fantasmas aquí. (Mira a Pepe).

SRTA. APARICIO: Me gusta mucho Escocia. Hay muchos lugares encantados. Muchos fantasmas. La mujeres son hermosas como las flores. A usted le gustaría ese lugar, Pepe.

MIRTA: Pepe me ha regalado un ramo precioso. Olvidé darte las gracias, querido. Eladio,¿Quieres enseñarle las flores a la señorita Aparicio?


Eladio a buscar el jarrón con flores. Abre la ventana y arroja las flores por ella, sin saber que en el jarrón también había agua.





Aquí termina la segunda parte de esta obra. Espero que os guste. Nos vemos en la próxima.




miércoles, 9 de septiembre de 2026


 

Hace tiempo que escribí unas obras de teatro, sencillas, sin pretensiones, solo para distraerme. Hoy he decidido compartir, al menos en principio, una de ellas que espero os entretenga.



TÍTULO: LLUEVE SOBRE MOJADO

PERSONAJES:

  • ELADIO, señor Casares: viste traje oscuro y corbata de listas. Edad: 45/50 años.

  • MIRTA, señora Casares: viste un traje largo de satén, oscuro. Edad: 45/50 años.

  • PEPE/A: amigo/a de Mirta: Viste traje oscuro, abrigo oscuro, bufanda clara y guantes negros. Lleva los cabellos cortos. Su actitud es masculina. Edad: 40/45

  • SEÑORITA APARICIO: Viste pantalón ancho, boina, jersey de cachemir, chubasquero amarillo, grande. Edad: 65/70.

  • CRIADA: Viste chubasquero encima del uniforme.

DECORADO:

Es un comedor. En el centro hay una mesa y cuatro silla elegantes. Sobre la mesa hay:

  • 1 botella de whisky

  • 1 botella de anís

  • 4 copas pequeñas y 4 vasos de whisky

  • 4 platos

  • 4 servilletas

  • 4 servicios de cubertería

  • 1 bandeja de plata

  • Un ramo de flores con tarjeta




Al fondo una chimenea, un cesto con leña, los utensilios de la chimenea y dos sillones y un sofá. A la derecha y una puerta. A la izquierda una puerta, un perchero, una ventana, bajo ésta un aparador. Sobre éste hay un florero sin flores.



PRIMER ACTO

Historia ambientada en los años 20.

Sobre la mesa del comedor hay un ramo de flores que tiene una tarjeta. Entra Eladio por la puerta de la derecha y se acerca a la chimenea para comprobar el fuego y se fija en el ramo. Lo coge.

ELADIO: ¡Anda! ¿Y esto? (Lee la etiqueta) “Con cariño, Pepe”… ¿Pepe? ¿Quién es Pepe?

Entra Mirta para enseñar a su esposo su vestido nuevo.

MIRTA: Querido, ¿te gusta mi nuevo vestido de satén?


MIRTA


ELADIO: Muy bonito, querida.

MIRTA: ¡Oh, flores! (Coge el ramo) ¿Son para mí? ¡Qué detalle más bonito has tenido! (Lee la tarjeta que le entrega su esposo) ¡Ah, son de Pepe! ¡Qué encanto! (sonríe satisfecha)

ELADIO: ¿Quién es Pepe?

MIRTA: Pepe es mi amiga (deja las flores sobre la mesa)

ELADIO: ¿Tú amiga se llama Pepe?

(Mirta se acerca al aparado y coge el jarrón)

MIRTA: Ahora sí, querido.

ELADIO: ¿Te estás refiriendo a tu amiga Pepa?

MIRTA: ¡Qué perspicaz! (pone la flores en el jarrón, besa la tarjeta y la deja en la mesa. Regresa el jarrón al aparador y admira la belleza del ramo).

ELADIO: Entonces tu amiga Pepa ahora es Pepe.

MIRTA: Así es, querido.

ELADIO: Es realmente extraño. No deberías tener amistad con alguien tan extraño, querida.

MIRTA: ¿Alguien más extraño que un escritor de misterio? (lo mira y sonríe).

ELADIO: Yo no me considero una persona extraña.

MIRTA: ¡Tú no estás casado contigo, querido! (se ríe. Se acerca a él).

ELADIO: Me considero una persona de mente abierta pero no entiendo esa manía que tienen algunas personas de mostrarse como el sexo que no es. Y no me parece prudente que seas amiga de Pepa.

MIRTA: Pepe, querido. Ahora es Pepe.

ELADIO: Pepe… Pepe (se burla).


ELADIO
MIRTA: Por cierto, le invité a cenar.

ELADIO: ¿Y tenía que ser hoy? Yo invité a la señorita Aparicio.

MIRTA: ¿En serio? ¡A esa mujer tan extraña!

ELADIO: ¡No me parece más extraña que tu amiga… O amigo.

MIRTA: Voy a retocar el peinado. Me parece que no está bien recogido.

Sale de la habitación por la puerta de la derecha. Eladio coge la tarjeta y la tira al fuego. Luego coge el jarrón con flores y lo pone en el suelo, al lado del aparador para esconderlo. Mirta regresa al salón para que su marido le ayude a ponerse una gargantilla.

ELADIO: La señorita Aparicio es una experta en novelas de terror y se ha ofrecido muy amablemente a ayudarme a desarrollar la trama de mi próxima novela.

MIRTA: ¿Ahora vas a escribir novelas de terror? (se da cuenta de que el jarrón no está en el aparador. Lo busca y lo pone en su sitio).

ELADIO: Sí, me apetece escribir algo nuevo (responde siguiendo los movimientos de su mujer).

MIRTA: Me parece bien. Voy a pintarme los labios. Este color me parece pálido. (Sale de la habitación por la puerta derecha).

Eladio se acerca al jarrón y lo vuelve a poner en el suelo.

MIRTA: (Regresa) ¿Te parece que estoy bien, querido? (da una vuelta).

ELADIO: (Sin dejar de mirar cómo su esposa vuelve a poner el jarrón sobre el aparador). ¡Estás fantástica, querida!

MIRTA: No sé si poner el collar que me regalaste por Navidad. Es más bonito que esta gargantilla. (Vuelve a salir del salón).

ELADIO: Como desees, querida. (Esconde el jarrón).

MIRTA: (Regresa) ¿Qué te parece?

Suena el timbre.

ELADIO: Abriré yo la puerta. (Abre la puerta de la izquierda). ¿Por qué no está la doncella?

MIRTA: Ha ido a visitar a su madre que está enferma. ¿Dónde están las flores? ¡Qué misterio!

Entra la señorita Aparicio con el chubasquero mojado.

SEÑORITA APARICIO: ¡Buenas noches, Eladio! ¡Buenas noches, señora mía! (Se acerca con energía a Mirta para estrecharle la mano).

Mientras se quita el chubasquero y se lo entrega Eladio que lo coge con cuidado de no mojarse y lo lleva al perchero.

MIRTA: ¿Llueve?

SEÑORITA APARICIO: No.

MIRTA: Pero usted viene mojada.

SRTA. APARICIO: Cierto… Pero no llueve, señora mía.


SEÑORITA APARICIO

ELADIO: ¿Entonces? ¿Viene recién duchada?

SRTA. APARICIO: ¡No intente ser gracioso, señor mío! ¡No le pega! ¿Se da usted cuenta de lo sucedido? (Eladio niega con la cabeza). En las escenas del crimen las apariencias pueden engañar. Por ello es importante investigar profundamente cada prueba, sobre todo las ocultas a los ojos. Hay que buscar el papel que hay oculto bajo una roca. La aguja en el pajar. El mensaje tras el papel de las paredes. El porqué, el cuándo, el cómo, el dónde… (Se dirige a Mirta). Señora mía, no. No llueve. Alguien tuvo la osadía de regar sus flores en una noche tan fría y quiso el azar que yo me situara en el momento y lugar más inapropiados. El agua cayó sobre mí dejando las flores más secas que la arena en el desierto. Solo espero no resfriarme. Afortunadamente me vestí el chubasquero. El abrigo lo tengo en la tintorería.

MIRTA: ¡Oh, qué infortunio!

ELADIO: Sí, qué cruel es el azar.

MIRTA: (A su esposo). Ya te dije que esta mujer era extraña. (A la señorita Aparicio). Por favor, siéntese cerca de la chimenea para entrar en calor. ¿Desea tomar algo?

SRTA APARICIO: No acostumbro a tomar alcohol antes de la cena. (Mira a Eladio). Me vendría bien un whisky.

ELADIO: (Con cara de sorpresa) Sí, por supuesto. Yo también tomaré uno.

MIRTA: Tiene que disculpar que nosotros nos encarguemos del servicio. La doncella ha tenido que ausentar por problemas familiares.

SRTA APARICIO: ¡Oh, no se disculpe por eso! En casa acostumbro a servirme las copas yo misma.

Eladio entrega el whisky a la señorita Aparicio y una copa de anís a su esposa.

ELADIO: Te he servido un anís, querida. Aunque, tal vez, prefieras un whisky.

MIRTA: ¡Por Dios, querido! Sabes bien que yo no bebo whisky.

SRTA. APARICIO: Yo me he acostumbrado al whisky en mi último viaje a Escocia.

ELADIO: ¿Estuvo en Escocia?

SRTA. APARICIO: Sí. Allí escribí mi última novela: “El fantasma sangriento”.

MIRTA: ¡Qué horror! ¿Era un asesino?

SRTA APARICIO: No. Solo iba cubierto de sangre. Aunque buscaba desesperadamente a su asesino.

MIRTA: ¡Qué espanto! ¿Y lo encontró?

SRTA APARICIO: Muerto, sí.

MIRTA: ¡Horrible!

SRTA. APARICIO: ¡En absoluto, señora mía! El fantasma ha dispuesto de toda la eternidad para encontrar a su asesino y lo hizo. ¡Simplemente maravilloso! (Entrega el vaso a Eladio para que le eche más whisky). Adoro la justicia.

Llaman a la puerta.

SRTA. APARICIO: ¿Esperan a alguien?

MIRTA: A Pepa.(Al mismo tiempo que su esposo)

ELADIO: A Pepe. (Al mismo tiempo que su esposa).

SRTA. APARICIO: ¡Oh, una pareja! ¡Estupendo!

(...)

Y hasta aquí llega la primera parte de esta obra. Espero que la hayáis disfrutado y tengáis ganas de leer la continuación. Un saludo.























martes, 1 de septiembre de 2026

 

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Hola, queridos/as lectores/as:

El verano llega a su fin y nos adentramos en el último mes que ya suena a otoño, sin serlo todavía. Pero, para la mayoría de la gente que vuelve a su rutina le parece que ya está de lleno en la nueva estación.

He querido hacer un breve relato sobre este mes de Septiembre que espero os guste.


SEPTIEMBRE


Después de un caluroso verano, llegó Septiembre, deprisa y en silencio, anunciando los cambios que conducen a una tranquila monotonía.

Por las tardes, el sol se retiraba dejando una estela de luz cansada sobre los tejados de las casas antes de dar paso a frescas y oscuras noches. El color amarillento del ocaso recordaba a páginas viejas de libros antiguos que guardan secretos olvidados.

Peggychoucair-Pixabay


Las hojas de los árboles caducos silbaban con el viento su última canción. Las primeras lluvias humedecían la tierra levantando un olor fresco e intenso que impregnaba las calles y los bosques.

Septiembre era el final del verano, una despedida serena de recuerdos alborotados que borran sus colores y se tiñen de sepia, un paseo silencioso que nos prepara para enfrentarnos a la soledad, la nostalgia y la esperanza.

FIN

Y con esto espero que nos veamos en la próxima. Gracias por estar ahí.






sábado, 18 de julio de 2026

 

 Pixabay, Clker-Free-Vector-Images

Ya estamos sumergidos de lleno en el verano, así que, he decidido publicar un relato breve veraniego. Espero que os guste.

EL CUBO

Para ser un día de verano caluroso no había mucha gente en la playa. De hecho, María se dio cuenta de que las personas que estaban allí eran algunos de los extranjeros que llegaban por esos días para disfrutar de las vacaciones. Ella también era forastera pero había nacido en el pueblo costero, aunque hacía muchos años que no lo visitaba. Este verano decidió que era una buena idea traer a su hijo pequeño al pueblo y enseñarle el lugar que un día fue su hogar, aunque por poco tiempo.

Se acomodaron en la arena y el pequeño de seis años, pidió acercarse a la orilla con su cubo rojo para coger agua. Quería hacer un castillo. María lo acompañó. Las olas mojaron sus pies. El pequeño llenó el cubo de agua y no lejos de la orilla, empezó a hacer el castillo. Mientras, María se tumbó para tomar el sol.

Pasó un tiempo y María se despejó. Se había quedado dormida. Comprobó si el pequeño estaba a su lado pero no era así y sintió que el corazón le daba un vuelco. En esos breves segundos en los que diferentes pensamientos de terror, intranquilidad y raciocinio se apoderan de la mente, recordó que el niño estaba un poco más cerca de la orilla. Entonces se dio cuenta de que se podía oír un ruido extraño. Como si una ráfaga de aire cruzaba un túnel.

Se levantó y miró perpleja lo que sucedía delante de ella. El niño la vio y corrió a su lado gritando algo que solo entendió cuando estuvo a su lado:

—¡Mami, yo no lo hice! ¡Mami, yo no lo hice!

María no entendía a qué se refería. El ruido iba en aumento. Los demás bañistas se acercaron a ella para intentar comprender qué estaba sucediendo.

—¡Mami, yo solo quería hacer mi castillo! —decía el niño. María lo atrajo hacia ella para tranquilizarlo.

Y pudieron ver, perplejos y horrorizados, que en el lugar donde el niño había echado agua para hacer su castillo, se había abierto un boquete que se profundizaba cada vez más y se tragaba la arena.

María y los demás recogieron las cosas y se alejaron de allí pero no lo suficiente pues la curiosidad podía con ellos. Miraron otra vez hacia aquel socavón que se hacía cada vez más grande. Llegó a la orilla y el mar se adentraba en él. Poco a poco se fue ensanchando y profundizando.

María cogió al niño de la mano y tirando a un lado la bolsa de la playa para que no la molestara, echó a correr hacia el pueblo. Algunos de los curiosos hicieron lo mismo que ella, otros se quedaron a observar atónitos como desaparecía la arena y el mar en el agujero que creía más y más.



El ruido se hacía ensordecedor y varios vecinos se asomaron a las ventanas o salían de los negocios para intentar saber qué estaba sucediendo. Mientras, el pozo crecía y se tragaba todo. Quienes se dieron cuenta de lo que acontecía intentaron huir horrorizados pero el hoyo terminaba por devorar personas, animales, casas…

Antes de ser absorbida por la fuerza que emergía de ese extraño agujero, María pudo ver el cubo rojo de su hijo girar en un remolino de viento y energía. No se veía el fondo. No se podía saber si las cosas caerían en otro lugar, desaparecerían o se quedarían así, girando sin parar por algún tiempo, tal vez, eterno.

FIN

Disfrutad del verano. No os olvidéis de leer algo y tened cuidado con los castillos en la arena.



martes, 23 de junio de 2026

 

Imagen de Iffany-Pixabay


Hola, queridos/as lectores/as:

En esta ocasión os traigo un relato que trata del amor verdadero en su máxima extensión. O así lo considera la protagonista del mismo.

AMOR VERDADERO

Hibá acompañó a varios demonios hasta la puerta del infierno. Tenían que cumplir una misión: tentar a los humanos para ganar almas. Ella no tenía ganas de salir al exterior. Nunca lo había hecho y odiaba a los humanos y a Dios. Así se lo habían enseñado.

Cuando vio la luz del sol sobre la cima de las montañas que había en frente, coloreando de dorado la blanca nieve, se quedó maravillada. Salió al exterior y aspiró el aire limpio. Miró a su alrededor y escuchó el canto de los pájaros. Un demonio la miró perplejo y le ordenó que regresara al infierno. Hibá iba a obedecer cuando vio un ciervo con su cría y los miró atónita, provocando en ella un sentimiento desconocido que no era solo curiosidad. Entonces se preguntó si esa era la obra de Dios, por qué debía odiarlo. Le parecía que todo cuanto veía era una verdadera maravilla. Y se preguntaba: ¿Cómo eran los humanos?

Y lo que más despertaba su curiosidad era saber qué se sentía al amar a alguien. Ella solo conocía el odio, la soledad, la indiferencia. Reconocía que le había gustado la obra de Dios que conoció y despertó preguntas prohibidas en su ser. Necesitaba saber y para ello debía adentrarse en el mundo de los humanos.

La primera vez que se mezcló con la humanidad se sintió abrumada. Había tanta diversidad de sentimientos y opiniones que no entendía cómo era posible que pudiesen vivir en medio de un remolino tan confuso de energías.

Cuando empezó a distinguir el tipo de sentimientos que tenía cada persona hacia la obra de Dios, y a Éste mismo, se dio cuenta de que no todos sentían lo mismo. Había escépticos, ateos, creyentes, fanáticos. La diversidad la confundía y no conseguía saber qué era amar a Dios.

Habló con representantes de diferentes religiones sobre el amor a Dios. Habló con algunos humanos. No satisfecha con las respuestas pues no lograba sentir ese amor que buscaba, pensó que debía intentar amar a alguien para acercarse a ese sentimiento.

Un día sintió curiosidad por un pájaro: un gorrión. Lo siguió, le dio de comer. Dejó que se acercara a ella y admiró cómo formaba una familia durante la primavera.

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Pero no sintió que ese acercamiento la ayudara a amar a Dios con plenitud. Y se hizo amiga de un perro callejero. Lo adoptó y lo cuidó. Un nuevo sentimiento despertaba en ella. Se preocupaba por el animal y parecía sentir algo más. Tal vez era cariño, además de instinto de protección. Cuando el perro murió por la edad, lo lamentó y lo echó de menos. Supo que había sentido amor por el animal pero no estaba convencida de que ese amor fuese similar al que se puede sentir por Dios.

Y conoció a un hombre con el que sintió más viva que nunca. Con él descubrió qué era estar enamorada. Bailó, rió, se preocupó, lloró de emoción y alegría y fue feliz. Creyó estar cerca, muy cerca de sentir ese amor por Dios que llevaba a las almas al éxtasis. Cuando él falleció la embargó una gran pena, la soledad, el vacío. Y pensó que no debía sentir eso si realmente amase a Dios.

Tenía que haber otra manera de sentir ese amor por el Creador de cosas tan hermosas como la Tierra y sus criaturas. Entonces tuvo una idea: ella también podía dar vida y quizá eso la ayudase a amar a Dios.

Y tuvo una hija a la que adoró desde el primer día que la sostuvo en brazos. Cuando su mirada se perdía en la de la pequeña la inundaba un amor tan infinito que supo que eso debía ser el amor que se sentía hacia Dios. Con el tiempo surgieron conflictos con ese nuevo ser que crecía y la retaba en su intento de formarse como persona. Aun así nunca dejó de amarla.

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Llegó el día en que debía despedirse del mundo y subió a lo alto de la primera montaña que vio al salir del infierno. Desde allí podía contemplar una gran inmensidad de la creación divina. A pesar de los desafíos, las dudas, el dolor, fue amada y correspondió a ese amor. Sintió la obligación de cuidar y proteger a esos seres vivos. Y aprendió a dejar marchar a sus seres queridos cuando llegaba el momento, aceptándolo con resignación pero sin culpar a Dios. Y conoció un nuevo sentimiento que jamás pensó tener: la esperanza. La motivación de confiar en que todo irá bien, que la ayudaba a estar tranquila.

Miró al cielo y dio las gracias por todo ello. Porque le permitieran disfrutar de la vida, de los sentimientos, del amor. Entonces supo que, aunque pudiesen surgir dudas en algún momento, había conseguido amar a Dios. Ya no podía retroceder. No podía odiarlo. No podía luchar contra Él. Se arrodilló y oró. Un ángel del cielo descendió y se puso a su lado. Le tocó la cabeza y sonrió. Dios la había perdonado. Ya no tenía que regresar al infierno. Hibá agradeció la bendición de Dios.

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FIN

 

Espero que os haya gustado este nuevo relato. Os espero en la próxima lectura. ¡Un saludo! 👋